Como ocurre en otros países del norte de Europa, la mejor época para ir a Estonia es el verano, cuando las temperaturas oscilan entre los 16 y los 20 grados, pudiendo llegar a los 30° en los días más calurosos. La luz es la protagonista de esta estación, cuyos días alcanzan las 19 horas de luz. Por ello, las noches estivales son conocidas por los locales como "noches blancas".
Pero si eres un amante del esquí de fondo, no puedes faltar a la cita invernal en Otepää, una pequeña ciudad en el sur de Estonia que de diciembre a marzo se convierte en la capital extraoficial del país.
