Las vacaciones son una placentera experiencia y, normalmente, una oportunidad de dejar los límites de la oficina por un par de semanas (tres, si eres afortunado y un mes si eres francés), aclarar las ideas y rejuvenecer el cuerpo. Y si tu viajes ha sido poco de “Un año en la Provenza” y mucho de “Las Vacaciones de la Chiflada Familia Americana” siempre puedes publicar un comentario mordaz en TripAdvisor. Echando un vistazo sobre las críticas en Internet sobre terribles hoteles, está claro que a veces lo mejor parece ser el quedarse en casa.

Un viajero que visitó un hotel de Nueva York comentaba: “Extraños gritos en la mañana y posibles gotas de sangre en el plástico del colchón. Esta es la experiencia más estremecedora, en serio, me dan ganas de dormir en Central Park”. Otro viajero en Bruselas, hogar de la burocracia europea, encontró que la localización de su hotel “dejaba mucho que desear, a no ser que seas una bailarina de bailes exóticos. Está situado en un barrio lleno de sex shops y clubes de striptease, una zona que atrae a la clase de gente que evitarías cruzándote de acera. Al entrar al hotel fuimos recibidos por una decoración del medievo y un extraño y enojado anciano”.

Y, aunque la industria hotelera británica ha sido mejorada enormemente, este comentario en TripAdvidsor sobre un hotel en Bournemouth, en la costa sur, sobre una persona reviviendo algunos recuerdos de su infancia deja claro que aún queda mucho trabajo por hacer: “Si los edificios pudiesen hablar, éste diría ¡Sal corriendo!… el baño parecía un armario diseñado por el inventor del Tetris… tienes que ser contorsionista experimentado para poder usar la ducha”.

Pero no todas las opiniones son del todo justas. Una web recoge los comentarios más extraños y bizarros, en la que podemos encontrarnos cosas como esta sobre Portmeirion, un pueblo en el norte de Gales: “El pueblo es muy bonito, pero no puedes entrar en la mayoría de los edificios porque hay gente viviendo en ellos”.

Tanto los americanos como los europeos saben muy bien como quejarse sobre unas malas vacaciones.  Por otro lado, un estudio de Hotels.com ha revelado el grado en que las personas de diferentes países miente a sus amigos y familia sobre lo maravilloso que se lo han pasado, aunque su hotel gritara “¡Sal corriendo!”.

Los mexicanos son los menos propensos a mentir, con un 8%, acerca de lo buenas que fueron sus vacaciones. Alrededor de una cuarta parte de los turistas de EEUU y Francia embellecen la verdad, al igual que el 31% de los británicos. Curiosamente, la encuesta encontró que los turistas chinos eran los más propensos a exagerar su experiencia de vacaciones. De hecho, pasa con la mayoría de los viajeros chinos, un 67%.

Los turistas chinos viajan al extranjero en mayor número cada vez: en el 2013 fueron 97 millones, según los datos de Hotels.com. Estos viajeron fueron los séptimos más gastadores por nacionalidad, pagando unos 180 dólares de media por noche en alojamiento. Y la mayoría de los chinos ahora prefieren viajar de forma independiente, alejándose de los viajes en grupo, como ocurrió en el inicio del boom del turismo chino.

Sin embargo, el estudio no da una razón sobre el porqué los chinos son los que más exageran sobre sus vacaciones, pero el estatus de poder permitirse viajar al extranjero puede ser un factor. Otra explicación puede que el turismo chino es un fenómeno reciente, y aún le queda aprender sobre cómo quejarse sobre un viaje, como lo hacen los europeos y americanos, y escribir una crítica como ésta, de un viajero en Guam: “Es una gran playa, pero hay demasiada arena”.

 

Fuente: Economist

Cuando las vacaciones no son tan buenas como te lo pintan
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