Con frecuencia las noticias nos alertan sobre fenómenos naturales adversos que descargan su furia en zonas frecuentadas por el turismo. Ayer mismo a las 2.PM hora local, el Servicio Geológico de USA registró en el norte de Virginia un terremoto de magnitud 5.8 en la escala Richter que ha afectado a los estados de la Costa Este. Los edificios de Washington temblaron, fueron evacuadas partes del Capitolio, la Casa Blanca y el Pentágono. Durante el día de hoy se ha visto alterado el normal funcionamiento de los medios de transporte de la costa este, con retrasos en los vuelos en los aeropuertos de John Kennedy y Newark de Nueva York; y el de Reagan en Washington; retrasos y circulación lenta en las líneas ferroviarias; y cortes del servicio de metro en Whasington.

Pero no es la única amenaza natural que acecha la costa este de EEUU . Según los pronósticos de la Agencia Federal de Gestión y Emergencias de Estados (FEMA) y del Centro Nacional de Huracanes de EEUU, el Huracán Irene avanza inexorablemente desde el Caribe y se espera que este fin de semana alcance Puerto Rico, Carolina del Norte y Carolina del Sur, y llegue a Nueva Inglaterra. Irene se manifestará en forma de tormenta tropical de categoría 3 o más alta en la escala de intensidad Saffir-Simpsom, con lluvias torrenciales, fuertes vientos e inundaciones que obligarán a evacuar a miles de personas de las áreas costeras.

El Huracán Irene ya ha producido terribles daños en la industria turística de las islas caribeñas, zona crucerista por excelencia. Las compañías Royal Caribbean y Carnival se han visto obligadas a reorganizar los itinerarios de más de una decena de barcos; y los centros turísticos más importantes de la costa norte de la República Dominicana, cerraron sus playas, fueron evacuadas más de 11.152 personas y cancelados los vuelos internacionales hacia y desde la isla.

Noticias como éstas nos llevan inevitablemente a recordar otros desastres naturales recientes con gran alcance en el turismo, como el terremoto y posterior tsunami que azotó Japón el pasado mes de abril, el terremoto que sacudió Haití en enero del 2010 o la erupción del volcán islandés Eyjafjallajökull de abril del mismo año, cuyas cenizas paralizaron durante unos días el espacio aéreo europeo.

Por suerte estas situaciones catastróficas no son frecuentes, pero en el remoto caso de que nos sorprendieran en el transcurso de un viaje ¿sabríamos mos cómo actuar?

Más vale prevenir…

Antes de partir, es nuestreo deber informarnos sobre las condiciones meteorológicas del país que vamos a visitar. Además de acudir a nuestros servicios favortitos, es recomendable consultar la última información disponible sobre el país de destino en la página web del Ministerio de Asuntos Exteriores (www.mae.es) donde además de información actualidada con carácter oficial, encontraremos recomendaciones de viaje.

Para mayor seguridad, deberíamos registrarnos en la base de datos del Ministerio de Asuntos Exteriores (www.visatur.mae.es/viajeros), donde dejaremos constancia de nuestros datos personales, planes de viaje, alojamiento y personas a contactar. En caso de emergencia, el sistema recibirá información tanto de los afectados por la crisis como de sus familiares.

Durante el viaje

Si se produjera una catástrofe natural en el transcurso de un viaje, lo primero que debemos hacer es ponernos en contacto con la embajada o el consulado de España en el país de destino. Para contactar con la embajada, basta con marcar el teléfono de emergencia de los servicios consulares de la Embajada de España. Allí nos informarán sobre la marcha de la situación y nos pondrán en contacto con nuestros familiares. Podemos también hacer uso de un servicio de mensajes por teléfono móvil creado por el Ministerio de Asuntos Exteriores que nos enviará una respuesta inmediata en caso de emergencia, aunque para acceder a este servicio debemos estar previamente registrados en la base de datos del MAE mencionada más arriba.

En caso de que hubiéramos contratado un viaje combinado (es decir, un viaje formado, como mínimo por dos de los tres elementos siguientes: transporte, alojamiento y otros servicios no accesorios a los anteriores, que se ofrece por un precio global y cuya duración tiene que sobrepasar las 24 horas o incluir una noche de estancia), podemos también solicitar asistencia a nuestra agencia de viajes, pues según el libro IV del texto refundido de la Ley de Consumidores y usuarios, en caso de emergencia en el destino, la responsabilidad es solidaria de cuantos empresarios, agencias mayoristas o minoristas, concurran conjuntamente en el contrato del viaje. La agencia minorista y la mayorista tienen la obligación de prestarnos la necesaria asistencia hasta el final del viaje, de mantenernos informados oportunamente, de brindarnos opciones alternativas de alojamiento, de salida del país, etc. dentro de sus posibilidades y atendiendo a las especiales circunstancias del destino. Ahora bien, si el gobierno español tomara la decisión de fletar aviones para repatriar a los ciudadanos españoles atrapados en las zonas catastróficas, la agencia quedaría eximida de esta responsabilidad.

Si con la agencia solo hemos contratado servicios sueltos, como trayectos de avión o alojamiento, la agencia minorista nos prestará la debida asistencia y nos mantendrá informados pero será el propio proveedor, y no la agencia de viajes minorista, quien deberá asumir cualquier responsabilidad que se produzca durante el desarrollo del viaje, siempre dentro de su ámbito de gestión.

Nos encantaría conocer si os ha sucedido alguna situación parecida y, sobre todo, cómo se resolvió todo satisfactoriamente.

InterMundial Seguros de Viaje

¿A quién acudo si me sorprende una catástrofe natural mientras viajo?
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