Una rara flor sin tallo, ni raíces, con solo cinco pétalos, más de un metro de diámetro, un peso de hasta siete kilos y un terrible olor a carne podrida podrá ser contemplada por los viajeros más atrevidos en sus viajes a Malasia. Investigadores de la universidad de Harvard descubrieron en el 2004 que los parientes más remotos de esta extraña planta parásita tenían tan solo unos milímetros de diámetro. Hace unos 46 millones de años la rafflesia evolucionó a un ritmo acelerado aumentando considerablemente sus dimensiones para sobrevivir en un entorno tan poco iluminado como los suelos de las selvas tropicales del sudeste asiático. Los turistas, en sus viajes a Malasia, podrán comprobar que el aspecto y olor de la raflessia, semejante a la carne en descomposición, resulta muy útil para atraer a las moscas carroñeras, sus únicas polinizadoras. Su gran tamaño permite a la raflessia distribuir con más facilidad su fragancia hasta las moscas más lejanas. El gobierno malayo ha creado varias reservas que contienen en su interior zonas de raflessias, como Parque Kinabalu y Parque de Sierra Crocker en Sabah (isla de Borneo), y Gunung Gading, éste último un parque nacional en Sarawak.
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